Cuando vemos un perfil en el que el mentón parece quedar más atrás de lo habitual, podemos pensar simplemente que la persona tiene una mandíbula pequeña.
Sin embargo, en ortodoncia necesitamos distinguir entre varias situaciones diferentes. La mandíbula puede tener un tamaño menor del esperado, estar situada en una posición más posterior o combinar ambas características.
Estas diferencias son importantes porque pueden dar lugar a una Clase II esquelética, pero no todas las Clases II tienen exactamente el mismo origen ni necesitan el mismo tratamiento.

¿Qué es la hipoplasia mandibular?
La hipoplasia mandibular es un desarrollo insuficiente de la mandíbula, que hace que esta alcance un tamaño menor del esperado.
Puede afectar de diferente manera al cuerpo mandibular, a la rama o al conjunto de la mandíbula y presentar distintos grados de intensidad.
Cuando la mandíbula es globalmente pequeña también podemos encontrar el término micrognatia.
Pero hay otro concepto que conviene diferenciar: la retrognatia mandibular.
Hipoplasia mandibular y retrognatia: no son exactamente lo mismo
Aunque en la práctica pueden aparecer juntas, hacen referencia a características diferentes.
La hipoplasia describe principalmente el tamaño: la mandíbula no ha alcanzado un desarrollo suficiente.
La retrognatia describe principalmente su posición: la mandíbula se encuentra más atrás de lo esperado respecto al resto de las estructuras faciales.
Por tanto, una mandíbula puede ser pequeña, estar retrasada o presentar ambas características.
Esta distinción es especialmente importante cuando realizamos un estudio de ortodoncia, porque el aspecto externo del perfil no siempre nos permite saber qué está ocurriendo a nivel óseo.
¿Qué relación tiene con una Clase II esquelética?
Una Clase II describe una relación en la que existe una discrepancia anteroposterior entre la mandíbula y el maxilar superior.
Pero tener una Clase II no significa automáticamente tener hipoplasia mandibular.
Clase II por una mandíbula retrasada o poco desarrollada
En muchos pacientes encontramos una mandíbula situada en una posición posterior respecto al maxilar superior.
También puede existir una menor longitud o desarrollo mandibular.
Es una presentación frecuente dentro de las Clases II esqueléticas.
Clase II por un maxilar superior adelantado
En otros pacientes la mandíbula puede presentar un desarrollo relativamente normal y ser el maxilar superior el que tenga una posición más adelantada.
Clase II combinada
También podemos encontrar una combinación de ambos componentes: una mandíbula retrasada junto con un maxilar superior adelantado.
Por eso el diagnóstico no debería limitarse a decir simplemente que un paciente “tiene Clase II”. Necesitamos saber qué estructuras están generando esa relación para planificar correctamente el tratamiento.
¿Cómo puede reconocerse una mandíbula poco desarrollada?
Existen algunos rasgos que pueden hacernos sospechar que existe una discrepancia mandibular, aunque ninguno de ellos permite realizar un diagnóstico por sí solo.
Uno de los más visibles es un perfil en el que el mentón parece quedar retrasado con respecto al resto de la cara.
También puede existir un resalte aumentado, es decir, una mayor distancia horizontal entre los incisivos superiores e inferiores.
En determinados pacientes podemos observar además dificultad para mantener los labios juntos de forma relajada o una apariencia facial más convexa.
Pero dos personas con un perfil aparentemente similar pueden presentar estructuras óseas muy diferentes.
Por eso el diagnóstico debe realizarse mediante un estudio completo y no únicamente observando la cara o los dientes.
¿Por qué puede producirse una hipoplasia mandibular?
El crecimiento de la mandíbula está condicionado en gran medida por factores genéticos y por el propio desarrollo craneofacial.
En determinados casos también puede existir relación con alteraciones congénitas o síndromes craneofaciales.
Otra situación diferente son los traumatismos importantes que afectan al cóndilo mandibular durante la infancia. Cuando interfieren con el desarrollo de esta zona pueden alterar posteriormente el crecimiento de la mandíbula y, en algunos pacientes, generar asimetrías.
Sin embargo, no conviene atribuir una verdadera hipoplasia mandibular directamente a hábitos como utilizar chupete o chuparse el dedo.
Estos hábitos pueden provocar cambios dentales y dentoalveolares cuando se mantienen durante demasiado tiempo, pero eso no significa necesariamente que hayan impedido crecer a la mandíbula.
¿Y qué ocurre con la respiración oral?
La relación entre respiración y crecimiento facial es compleja.
Los niños que presentan respiración oral mantenida muestran con mayor frecuencia determinados patrones dentofaciales y diferencias en algunas medidas craneofaciales respecto a los respiradores nasales.
Sin embargo, la evidencia disponible es fundamentalmente observacional y no permite afirmar que respirar por la boca sea, por sí solo, la causa de una hipoplasia mandibular.
Cuando un niño respira habitualmente por la boca, ronca o presenta dificultades respiratorias, lo importante es estudiar el origen y realizar una valoración multidisciplinar cuando sea necesario.
¿Puede influir una mandíbula retrasada en la vía aérea?
La posición y el desarrollo de la mandíbula forman parte de la anatomía que rodea la vía aérea superior.
La retrognatia mandibular se ha relacionado con determinados problemas respiratorios y puede ser uno de los factores anatómicos presentes en algunos pacientes con apnea obstructiva del sueño.
Pero tener una mandíbula retrasada no significa automáticamente tener apnea ni problemas respiratorios.
El sueño y la vía aérea deben estudiarse específicamente cuando existen síntomas como ronquidos frecuentes, pausas respiratorias durante el sueño o somnolencia excesiva, y no diagnosticarse únicamente a partir del perfil facial.
¿Cómo diagnosticamos una hipoplasia mandibular o una Clase II?
El diagnóstico empieza por una exploración completa de la cara, los dientes y la mordida.
Analizamos el perfil facial, la relación entre ambas arcadas, la posición de los dientes y el patrón de crecimiento del paciente.
Cuando está indicado, las fotografías y los registros radiográficos permiten estudiar con mayor precisión la relación entre el maxilar superior, la mandíbula y la base del cráneo.
El estudio cefalométrico
La telerradiografía lateral y el análisis cefalométrico permiten realizar diferentes mediciones para estudiar la posición y proporción de las estructuras óseas. El diagnóstico final debe integrar las medidas radiográficas con la exploración clínica, el perfil facial, la mordida, la edad y el crecimiento que todavía le queda al paciente.
¿Cómo se trata una Clase II relacionada con la mandíbula?
El tratamiento depende especialmente de la edad, el crecimiento disponible, la gravedad de la discrepancia y el origen real de la Clase II.
No existe una única solución válida para todos los pacientes.
Tratamiento en niños y adolescentes en crecimiento
Cuando existe crecimiento disponible podemos utilizar diferentes estrategias ortodóncicas para mejorar la relación entre ambas arcadas.
En determinados pacientes con Clase II y retrusión mandibular pueden emplearse aparatos funcionales que mantienen temporalmente la mandíbula en una posición adelantada.
Estos tratamientos pueden producir una combinación de cambios dentales, dentoalveolares y algunos cambios esqueléticos.
Sin embargo, es importante explicarlo correctamente: no podemos garantizar que un aparato haga crecer una mandíbula una cantidad determinada.
La respuesta depende del paciente, del dispositivo utilizado, del momento del crecimiento y de otros factores. La evidencia científica muestra que los efectos esqueléticos existen en determinados tratamientos, pero suelen ser moderados y variables.
¿Cuándo es el mejor momento para tratarla?
Una primera revisión temprana no significa necesariamente empezar un tratamiento temprano.
La American Association of Orthodontists recomienda realizar una primera valoración ortodóncica no más tarde de los 7 años, porque a esa edad ya podemos observar cómo están desarrollándose los dientes y los maxilares.
A partir de ahí podemos encontrar tres situaciones: tratar, controlar la evolución o esperar al momento de crecimiento más adecuado.
En las Clases II mandibulares, el momento de maduración del paciente puede ser especialmente relevante. Algunos estudios muestran mayores cambios mandibulares cuando determinados tratamientos funcionales coinciden con el pico de crecimiento puberal.
Por eso diagnosticar pronto no significa necesariamente tratar cuanto antes. Significa poder elegir mejor cuándo intervenir.
¿Y si el paciente ya es adulto?
Cuando el crecimiento ha finalizado, el planteamiento cambia.
La ortodoncia puede mover los dientes, pero no puede hacer crecer una mandíbula adulta ni corregir por sí sola una discrepancia esquelética importante.
Dependiendo de la gravedad del caso podemos plantear principalmente dos enfoques.
Camuflaje ortodóncico
En discrepancias leves o moderadas, algunos pacientes pueden tratarse mediante movimientos dentales que compensen parcialmente la relación entre ambos maxilares. Dependiendo del caso, puede realizarse con brackets o con ortodoncia invisible. El objetivo es mejorar la mordida y la posición dental, pero hay que entender que estamos actuando sobre los dientes y no cambiando de manera significativa el tamaño de la mandíbula.
Ortodoncia y cirugía ortognática
Cuando la discrepancia esquelética es importante y queremos modificar realmente la relación entre los huesos faciales, puede ser necesario combinar ortodoncia con cirugía ortognática. En estos pacientes el diagnóstico debe valorar no solo cómo encajan los dientes, sino también el perfil facial, la función y los objetivos del propio paciente.
No todas las Clases II son iguales
Dos pacientes pueden acudir a consulta con los dientes superiores aparentemente adelantados y necesitar tratamientos completamente diferentes.
En uno puede predominar una posición mandibular retrasada. En otro, una posición adelantada del maxilar superior. Y en otro puede existir principalmente una compensación dental.
Por eso en Clínica Dental Novodent, en Alicante, el tratamiento de una Clase II comienza siempre identificando qué está generando realmente esa discrepancia y cuánto crecimiento queda disponible.
Clínica Dental Novodent – Odontología integrativa en Alicante
Av. Conde de Lumiares, 19, 03010 Alicante



